Una comida, una idea loca y un tren que no ha parado desde 2016

 

La historia de cómo una sobremesa de risas acabó convirtiéndose en nuestra casa.

Todo empezó hacia 2015, en una de esas quedadas de amigas que se alargan sin querer. Había risas, había ilusiones por contar y había una comida más que copiosa. Y entonces, entre una anécdota y otra, llegó la gran idea.

Pero tenemos que ser sinceras con vosotros: no teníamos ni un euro. Ni una, ni la otra, ni la de más allá. Lo que sí teníamos era mucha ilusión y una fe a prueba de bombas. Al principio parecía una broma, una de esas locuras que se inventan un día de amigas y que se quedan en eso, en una anécdota para recordar.

Pero la broma se fue poniendo seria. De repente estábamos en un gabinete de arquitectura, mirando planos y diseñando nuestro propio espacio, con el local ya escogido (el local que siempre fue el elegido). Y cuando quisimos darnos cuenta, ese mismo 2015, firmábamos la inscripción de nuestra empresa. Aquella firma fue el primer vagón de la historia que hoy os contamos.

No fue un camino de rosas, claro. Hubo miedo, hubo incertidumbre y muchos quebraderos de cabeza: las obras, el material, los plazos que se alargaban y los costes que se estiraban más que un gato en el sofá. Pero seguimos adelante, vía tras vía.

Y entonces llegó el día. El 2 de mayo de 2016 abrimos las puertas. Aquel día no solo se inauguró una empresa: se inauguró también nuestra casa y, con los años, la de muchos de vosotros, que habéis pasado por ella con vuestras mascotas.

A día de hoy seguimos al pie del cañón, porque nuestra ilusión siempre fue una sola: dedicarnos a lo que nos gusta, los animales. Y mientras eso siga siendo así, el tren no se detiene.

Gracias por subir con nosotras. ¡Esto no ha hecho más que empezar!

Arantxa, Estefanía y Cristina
Clínica Veterinaria La Estación




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